Practica 4 (microrrelato) - Julio Antonio Sevilla Bevia
ENTRE PECADOS
Había batallado demasiado en mi vida como para estar en ese lugar de fuego y llamas, luché cada instante de mi vida por cruzar las puertas de san pedro e hice cosas, que, pese a no estar bien vistas, debían hacerse. Desde mi punto de vista no entendí porque el circulo del orgullo había reclamado mi alma, considerada para los estándares del cielo como una vil pecadora. Este hecho me hizo preguntarme los valores éticos que tenía en vida y sigo manteniendo hoy en día, que oportunidades abría para alcanzar el llamado paraíso.
Aún recuerdo lo que me dijo ese ser de cola negra envuelto
en una espesa llama roja intensa, de piel negra y tan alto como un elefante y
robusto como un gorila: “las respuestas que buscas se encuentran en el
mismísimo centro del círculo del orgullo, solo aquel que es odiado y amado a la
vez, puede iluminarte”. Ese mero recuerdo se me hizo divertido, sintiéndome en
ese momento como Gandalf el gris, buscando consejo de su amigo Saruman el sabio,
era gracioso que encontrara ciertas similitudes de una película en ese mero
momento, que algunos considerarían tan absurdo, como increíble.
Tarde exactamente 3 días en llegar al palacio, desde donde
había entrado solo tenía que recorrer el circulo en línea recta, y aun así,
cuando llegue ese tercer día, no pude evitar mirar al este, observando la luz
del fuego abrasador de la que había venido, esta admiración no duro más de unos
segundos, pues decidí acto seguido mirar el gran palacio rojo, que se
encontraba ante mí, tan majestuoso como la fortaleza roja de los siete reinos,
hogar del mismísimo ser que anido en el infierno por primera vez.
Admire la rojez del castillo, adornado con gárgolas en las
cornisas que recordaban al castillo de Drácula, o incluso a las extrañas
criaturas guardianas de las puertas de Minas Morgul, antiguamente conocida como
Minas Ithil, eran realmente imponentes y un recordatorio de quien era quien
habitaba en ese palacio al cual termine por acceder desde la puerta principal,
pues ¿para que servía el miedo sino para frenarte?
En su interior pude ver ese pasillo, tan oscuro como
iluminado, recordándome al largo pasillo que Han Solo recorrió a carrera tras
unos soldados imperiales en la estrella de la muerte. El final de ese pasillo
daba a una gran sala, presidida por un trono negro de acero y hueso, ocupado
por un ser de apariencia humana cabizbajo, casi podía jurar que apoyaba su
pecho contra sus propias rodillas en una especie como de oración. En el momento
que puse un pie sobre esa sala, ese individuo se incorporó, dejando escuchar el
crujido de sus huesos provenientes de su espalda, su mera presencia era tan
magnifica como me imaginaba que sería la misma presencia de Alastor o Stolas
Goethia.
-que buscas tú, mero pecador en mi palacio rojo de sangre-
dijo con esa voz profunda digna de un rey, sus ojos me miraron con frialdad,
pero la justicia se reflejaba en ellos con fervor, justicia que buscaba cobrar
los pecados que una vez un padre cometió.
-la respuesta a una pregunta- respondí con rapidez y decisión,
eso era gracioso, me sentía como Kenny de south park, él mismo Kenny que era
viejo amigo de la muerte misma, su rostro cambio al escuchar mi petición, se
recoloco en el trono y la luz ilumino por completo esa sala, dejando ver una
figura femenina, mucho mas joven que el, sus ojos me cautivaron como Lilith
cautivo al rey de los infiernos en su día.
-formula tu pregunta, forastero- fue lo que dijo se había percatado
de la mirada que hice sobre la menor a el, seguramente mucho mayor que yo, por
su reacción corporal debía de ser su hija, seguro que estaba deseando que le
quitara la mirada de encima a semejante belleza, pues en mi opinión y mis
conocimientos, estaba en el infierno y no era lugar para un ángel como el que acababa
de ver.
-mi señor, por su respuesta corporal al haber presenciado a
la fémina es propiedad de su semilla- empecé a decir, ya no me importaba tanto conocer
la respuesta del por que estaba en el infierno, ni siquiera cual era el precio o
peso de mi alma, esa diablesa tenia algo especial y me encapriche, cayendo en
uno de los pecados mas mortales que existe en el mundo, un pecado que cometió Semyaza,
el amor mas impuro como el mismo amor que Asmodeus propaga, -cual es la forma
en la que usted me daría la oportunidad de intentar conquistar a su hija-
termine por decirle, sin miedo a la muerte, en ese momento me sentía como Robert
Muldon cuando intentaba dar caza a los velocirraptores fugados.
-perdonare tu insolencia y lo permitiré solo con una condición,
que le llevaras un mensaje a dios de mi parte- fue la respuesta que me dio, un
encargo fácil, algo que me facilitaría el poder obtener lo que ahora quería, lo
que más suscitaba mi deseo.
-si por un mensaje puedo obtener aquello que me vuelve hacer
sentir vivo, lo hare- respondió con total tranquilidad, sin darme cuenta de que
por mera codicia, por mera estupidez, había caído en el mismo pecado que el
mundo traía consigo, el mismísimo egoísmo de Mammon en persona, fue entonces
cuando note que mi cabeza dolió, los cuernos salieron y ante el dolor intenso
de mis huesos quemarse mire a Lucifer, mi alma ardía, en su mas profundo pesar,
pero pronto el dolor ceso, no se en que momento pero esa muchacha había agarrado
mis manos y me había ayudado a levantarme, su padre la miro con dureza, a
diferencia de el, ella pudo ver mi alma.
-su alma, a diferencia de las otras es pura, como tú, él está
aquí por error padre, perdónale su osadía y yo asumiré su culpa- dijo por fin
la muchacha con voz tan dulce como angelical, lucifer, el mismísimo demonio se
levanto de su trono, entendiendo la situación, me miro, sintiéndose reflejado
en mi por lo que su padre le hizo tiempo atrás.
-por voluntad de mi hija y por mi propia compasión, pues
desterrado del paraíso con crueldad has sido, te ofrezco mi casa y a mi hija
para guiar tus pasos, lo que deba ser será para un futuro- dijo relajando su
mirada, su mano se movió y mi dolor ceso, sentí mi alma libre y mire a la
mujer, lo que antes empezó como una mera búsqueda de una respuesta, había acabado
con lo que seria un viaje inolvidable, mi segunda oportunidad empezaría en el
lugar que ahora debía llamar hogar, el mismo al que se me había mandado de manera
injusta, o eso podía deducir al no conocer el verdadero motivo por el que me
encontraba en el infierno, mi mera elección me había permitido una vía para
poder ayudar a mi causa, una causa compartida con lucifer, una causa que la
mujer de la que me había encaprichado y no enamorado, había hecho suya, La
tarea de permitir la salvación de aquellos a que dios condeno de forma injusta
a un sufrimiento eterno, la redención de aquellos considerados pecadores.

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