Entre realidad y ficción - Daniel Benatar Sanjuan


Últimamente estoy experimentando que la vida es, en esencia, un estado constante de incertidumbre. Por eso, siempre trato de salir a la aventura como haría el señor Bolsón acompañado de su fiel amigo Gandalf, a pesar de los peligros, y ser menos como Truman en su acomodada y perfecta ciudad. En ocasiones me gustaría acompañar al doctor en su TARDIS, o a Doc en su DeLorean, y viajar al futuro para conocer todo lo que me espera y poder tomar las decisiones correctas. Pero, si lo pienso, me estaría perdiendo la vida. Y podría experimentar algo similar a lo que Louise Banks vive con la llegada de los Heptápodos.

De pequeño pensaba que los mayores sufrían una especie de metamorfosis, propia de Kal-L, donde se convertían en adultos fuertes y seguros de sí mismos de un momento para otro; pero me temo que vivir se parece bastante más al mundo al que Marlin o Chris Gardner se enfrentan a diario. La vida consiste en disfrutar el camino, pase lo que pase, y aprender de experiencias como las de Sebastian o Mia en el duro mundo del arte, o de Christian en el París del siglo XIX.

Al menos no he sufrido la misma desgracia que aquel viejo compañero de Wilson o aquellos que gritan “sed testigos” en pleno desierto abrasador, y gozo del privilegio de tener la oportunidad de explorar lo inexplorado, conocer a mi Ruby Sparks particular con la que compartir experiencias, y poder decirle al miedo aquella frase de “siempre recordarás este día como el que casi me capturas”.

Es cierto eso de que todas las experiencias construyen tu carácter, especialmente las malas. Y de nada sirve vivir habitando la aldea de Shyamalan en la que tener un temor constante a aquellos monstruos que no son los que dicen ser. Lo más importante es que al llegar al final de la vida pueda girarme y decir “ha valido la pena”, disfrutar la melodía romana de “ahora somos libres” y decirle a Johns que no, no temo a la muer-te.

¿Por qué tan serio?, si tienes el valor de seguir tus sueños, todo puede suceder. Y ¿quién sabe que puede traerte la marea? Lo importante es tener un propósito en la vida, de lo contrario es como si te rompieras y el mecanismo de Hugo dejase de funcionar. Y como diría Zafón, “el que no sabe a dónde va, no llega a ninguna parte”.

Es importante recordar que siempre es buen momento para decir una de las mejores frases del cine: “¡Buenos días, y en caso de que no los vea, buenas tardes y buenas noches!”

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