Práctica 3: Dark Souls, el arte de narrar sin palabras.

Dark Souls es un videojuego lanzado en el 2011 por Hidetaka Miyazaki y FromSoftware. Siendo este un precursor de una saga que marcaría una antes y un después en los videojuegos. Innovando por su curva de dificultad, su narrativa ambiental, su ambientación y, sobre todo, por la majestuosa implicación de la música junto a los jefes del juego. Compuesta por Mutai Sakuraba. 

La trama es abstracta y confusa, por lo que lo más claro te lo ofrecen en el prólogo. En él, nos cuentan que, antiguamente, en el mundo de Dark Souls, existían dragones con escamas de piedra impenetrables y eternos. Cuando llegó el fuego, se creó la vida y la muerte, la luz y la oscuridad. Naciendo los humanos de esta última, encontrando a los dioses en el fuego. Entre muchos dioses, encontramos a Gwyn, el Señor de la Luz Solar, al cual está ligado la canción a tratar, siendo el más importante para los humanos. Los dioses exterminaron a los dragones, comenzando así la era del fuego. Cuando las llamas se apagaron, todo se llenó de oscuridad y dolor. Por ello ahora es Gwyn, el Señor de la Ceniza.

Como jugador, le tenemos miedo a todo. Por el simple hecho de que, salvando algunos NPC, absolutamente todo en el juego intenta matarte.  Los jefes suelen tener músicas épicas, que te acompañan en la batalla y te dan fuerzas. Pero la de Gwyn es diferente. La suya es lenta, con un patrón corto que se repite. 

Cuando llegas a la recta final del videojuego, es todo más calmado. Desde el camino a Gwyn, siendo uno recto con algunos soldados del Señor de la Ceniza que aún le rinden servicio. Con una música ambiental suave y casi inexistente. Acompañado de una claqueta de colores grisácea, representando las cenizas que vinieron tras extinguirse el fuego. Hasta que entras en el combate. En donde la música cambia radicalmente al tema en cuestión. Conforme más se avanza en la instrumental, y en el combate, se percibe como un tema triste. Esto debido a que Gwyn buscaba la salvación para su pueblo y que tuvieran una buena vida. No pensaba que, por sus actos, el mundo se sumiría en oscuridad. 

El jugador tiene que matar a Gwyn. Pues es el último jefe del juego. Para así, poder elegir entre sacrificarse para enlazar la Llama y continuar con la edad de fuego, o gobernar en la oscuridad. Gwyn sabe esto, por lo que lucha para probarte de que estés listo para tomar la elección correcta. Devolver al mundo su luz. Siendo una lucha triste, pues Gwyn no pudo lograr su cometido y le fallo a su gente. Pero ve en el jugador un reflejo de él mismo. Un reflejo de lo que pudo haber sido. Un salvador.

Toda la música utilizada es sublime, pero he elegido esta al ser la más peculiar de todas. Cambiando la temática de las bandas sonoras de los jefes y apostando por algo nuevo y sorprendente. Acompañando a la historia que arrastran los personajes y condicionándonos sobre el final a elegir. Cuando lo jugué, solo pude estar maravillado ante lo que mis oídos estaban escuchando. Partiendo de que el combate me resultó bastante difícil y me costó mucho tiempo, el ganar me dio una sensación amarga. Pues Gwyn en realidad no nos quiere matar por matar. Nos pone a prueba para ver si seremos capaces de morir por el mundo.  

Por todo lo que puede transmitir esta obra con sus bandas sonoras, el ambiente y los colores. Es un juego al que muchas veces recurro y disfruto como la primera vez e incluso vuelvo a escuchar temas como este únicamente para recordar las sensaciones a las que están ligados.

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