ENTRE PECADOS Había batallado demasiado en mi vida como para estar en ese lugar de fuego y llamas, luché cada instante de mi vida por cruzar las puertas de san pedro e hice cosas, que, pese a no estar bien vistas, debían hacerse. Desde mi punto de vista no entendí porque el circulo del orgullo había reclamado mi alma, considerada para los estándares del cielo como una vil pecadora. Este hecho me hizo preguntarme los valores éticos que tenía en vida y sigo manteniendo hoy en día, que oportunidades abría para alcanzar el llamado paraíso. Aún recuerdo lo que me dijo ese ser de cola negra envuelto en una espesa llama roja intensa, de piel negra y tan alto como un elefante y robusto como un gorila: “las respuestas que buscas se encuentran en el mismísimo centro del círculo del orgullo, solo aquel que es odiado y amado a la vez, puede iluminarte”. Ese mero recuerdo se me hizo divertido, sintiéndome en ese momento como Gandalf el gris, buscando consejo de su amigo Saruman el sabio, era grac...
Comentarios
Publicar un comentario